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El tonal y el nagual: Una visión desde la tradición indígena americana

A lo largo de los talleres que realizo casi siempre me preguntan a qué me refiero cuando hablo del Tonal y el Nagual. En la tradición mexicana todos los seres humanos tienen dos facetas, dos entidades distintas, dos contrapartes que entran en función en el instante del nacimiento; una se lla­ma “tonal” y la otra “nagual” (Nahual).


El tonal, es el organizador del mundo cotidiano, se encarga de poner orden al caos de este mundo material, todo cuánto sabemos y hacemos como seres humanos es obra del tonal. Todo lo que podamos nombrar, verbalizar o definir, es parte del tonal. Todo lo que podamos captar a través de los sentidos es parte del tonal. Es lo que construye el mundo porque su función es juzgar, evaluar, y atestiguar al mundo de acuerdo con las reglas del tonal. Es un creador que no crea nada. O sea que, el tonal inventa las reglas por medio de las cuales capta el mundo; así que, en un sentido figurado, el tonal construye el mundo. A esa atención fija, que nos hace ver una mesa en vez de un campo de energía se le llamó tonal. El ser humano con el tiempo dejó de ser una criatura que ve múltiples campos de energía y se transformó en lo que es ahora: un ser humano muy arraigado en la materia.


El tonal empieza con el nacimiento y acaba con la muerte


La palabra nahual, nahualli, deriva de la raíz náhuatl nau-, “doble” y del sufijo sustantivizador -lli. Se trata de un elemento del hombre que lo relaciona con lo sagrado, es el interior y el espíritu de las personas.

El nagual es todo lo contrario a esa materia, es decir es un campo de múltiples posibilidades. Es la parte de nosotros mismos con la cual nunca tratamos. Es la parte de nosotros para la cual no hay descripción: ni palabras, ni nombres, ni sensaciones, ni conocimiento; esa parte nuestra que practicamente desconocemos, es nuestra parte “mágica” a la cual rara vez accedemos, al contrario de la razón y el intelecto, su esencia reside en el ámbito de la creatividad, de la fantasía y de la intuición.


Este mundo en el que vivimos (el Tonal del yo) es una proyección del ser que somos en el ensueño y en el silencio (el Nagual del Otro Yo). Es decir que somos soñados más que soñadores. Los antiguos chamanes dividían las energías del mundo en dos: unas referidas al tonal y otras al nagual. El tonal era todo lo que estaba arraigado en el mundo como materia y como estructura, el nagual todo lo referido al mundo invisible.

Fray Bernardino de Sahagún menciona que el el nagual es:

"El nahual es el sabio, poseedor de discursos, dueño del depósito, sobrehumano, respetado, grave, serio, no burlado, no sobrepasado. El buen nahualli es depositario, hay algo en su interior, guardador, observador. Observa, conserva, auxilia; a nadie perjudica."

El yo se encuentra a este lado de la barrera, donde prevalece la mente (llena de miedo y de agresividad) y que es predadora de nuestra energía (el brillo de la conciencia). Cualquier energía que proyectemos mentalmente dando poder a un ser externo al Yo Soy (dioses, maestros ascendidos, ángeles, vírgenes, gurús, artistas o deportistas) alimenta a estas entidades. Por ello nada real puede suceder en nuestra vida interna mientras no hayamos silenciado la mente ordinaria.


Saude Ganesh.



Fray Bernardino de Sahagún Historia General de las cosas de la Nueva España.





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