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Sólo Yo Soy.

En los trabajos que realizamos en grupo mi objetivo no es cambiar el mundo, más bien es cambiarnos a nosotros mismos y esa transformación produce cambios al mundo que nos rodea. Cualquiera que trabaja dentro de sí sabe eso. Recuerda que tú mismo fortaleces aquello que rechazas, por lo que mientras más luches contra lo negativo más fortaleceras lo negativo.

Estamos en un momento que la historia de la humanidad no olvidará jamás, el momento en que el mundo se paro, en que todo cerró. Este es el momento de pasar del aliento a la vibración. En realidad la vibración luminosa es todo lo que tenemos. Recuerda que el otro yo del cuerpo está hecho de energía, de vibración, de sentimiento.

No existe nada como maestros ascendidos, dioses, sólo existe Yo Soy. Los dioses, las diosas, las fuerzas que representamos como arquetipos poderosos da igual que sean romanos, griegos, de oriente. Todas son manifestaciones de nuestra realidad aquí en la tierra. Los dioses y diosas no existen para ser imágenes, existen para ser energías reales que sentimos mientras descienden en nosotros.

Cada uno de nuestros centros tiene que tener su papel: una intuición, una inspiración verdadera en el pensamiento; bondad y amor; comprensión en el pecho. Pero sobretodo saber quiénes somos en lo profundo de nosotros y que somos hermosos y perfectos como somos. Sin buscar nada fuera de nuestro interior.

Ser impecables en la dualidad y fundirnos y desaparecer en la unidad, ese es el juego del aliento que tenemos con nosotros. Y no hay dualidad si no aparece una tercera fuerza y esa es la clave de esta vida, ¿para qué estamos aquí? Básicamente en el camino de nuestra vida crearemos luces y sombras. Bondad y maldad. Momentos maravillosos amigos y enemigos. Pero en ese juego lo más importante es que despertaremos por fin la consciencia crística.

Asumir la realidad, la perfección de lo que somos. Jugar un juego de ilusión cómo es esto, pero a pesar de ser un juego de ilusión es un juego de aprendizaje real en donde aprendemos de la relación con los demás; en el amor, en la separación, en el sufrimiento, en esos dolores que nos entran cuando alguien se pierde, o cuando algo no funciona. La escuela es absolutamente real, la muerte es la que es ilusoria. La muerte es la única cosa irreal. Y sin embargo es la esencia de muchos de nuestros miedos. Porque no hay más miedo que uno: El miedo a dejar de ser. El miedo a dejar de ser una consciencia individualizada. El miedo, a desaparecer a disolvernos en la nada. Y fijate que nuestra nada no es una nada vacía es una nada llena hasta el borde de consciencia. Llena de luz, ese es el vacío único, real. Ese es el vacío en el que estamos, la sensación de fundirnos con todas las cosas.

Así cada uno de nosotros lleva su sombra encima, cuando en los talleres la gente observa su propia sombra física y habla con ella reconociéndola como su sombra psíquica la sombra te habla y te contesta. Y por fin encuentras las cosas que tienes sin revolver: hay miedos ancestrales, miedos de linaje de sangre, miedos vinculados a la sociedad y al momento histórico en que nacemos; miedos de nuestras experiencias personales. Todos los miedos son sólo miedos. Miedo a morir, pero no miedo a la muerte. En realidad es el miedo a dejar de ser.


Saude Ganesh.


 
 
 

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